LA VICTIMA DEL DUELO. 2/2 El desenlace
Tras estas últimas palabras, Don Pedro y Don Julián, que parecían volver a respirar tras escuchar dichos términos a cumplir con honorabilidad, para no quedar como chiste o chascarrillos de taberna en los tiempos que los precederían. Colocasen ya ambos, espalda con espalda y sosteniendo el arma a la altura de sus caras, esperaron de dicho porte, la cuenta atrás.
- Uno, dos, tres… Las palabras de Don Emilio, repicaban en la soledad del lugar, marcaban no solo los pasos si no también el ritmo cardíaco de ambos hombres, quién se preguntaban, más que el cuándo que la respuesta era evidente, el cómo habían ido a parar a semejante situación, osada como poco y absurda en su totalidad. - … Y veinte. Se oyó en la inmensidad del lugar.
Los adversarios dejaron de caminar, se giraron allí donde mismo les sorprendiera peculiar cuenta atrás y a pesar de la poca visibilidad que existía entre ambos por la tupida niebla, descubrieron que si bien no era tarea fácil, era suficiente para alcanzar a ver elevada ante sí, la figura de su contrincante, alzaron sus armas y apuntaron a su rival.
- Disparen, ¡Ya!.
Y los disparos sonaron tronadores en sus oídos, ahogándose después en el estremecedor silencio de la mañana, que parecía haberse engullido no solo lo que ocurría tras los muros del Monasterio, sino el lugar en sí, pues sus corazones dejaron de latir en pos de conocer la o fortuna que acuciaba a su enemigo. Tras unos segundos en los que pareció haberse detenido el tiempo, para su mayor perturbación, observaron a su contrincante en el mismo instante en el que se desvaneció el humo de la pólvora que los rodeaba, marchándose esta tras la caricia de la brisa que quiso llevársela consigo.
Don Pedro, no pudo menos que sorprenderse al descubrir ante él, a un contrincante erguido y la vez abanderado de un porte más que orgulloso, a pesar de su sangrante hombro que chorreaba rojo en contraste con su camisa blanca.
- ¿Estás orgulloso de la hazaña protagonizada hoy?. Preguntó irónico Don Pedro a su hermano mayor y Santo protector de esa mañana, una vez se encontraron en el interior del coche de caballos que los devolvía salvo y sano a la de los Velasco en San Martín de Valdeiglesias.
- Tan solo he evitado locura sin igual por estos lares, pareciéndome absurda la idea de entregarte a la muerte por hembra indigna de tal sacrificio. Apuntilló Don Emilio desde su asiento junto a la ventanilla.
- No hubiese sido yo desde luego, el generoso que prodigara su vida, pues no tienes más que ver quién resultó herido en semejante falsa que provocasteis tú y ese Don Antonio, el cual, debería estar cavando una tumba a la fogosidad del Toledano y no aliviando un leve rasguño, del que no quedará en un futuro cercano, testimonio alguno del lance sufrido.
- Iluso serías si vives creyendo semejante embuste, pues la humedad de la mañana a obrado en favor de ambos, tanto Don Antonio como yo hemos sido fieles a la hora de cargar la pólvora, dispensamos por tanto a cada arma la cantidad adecuada.
Se defendió Don Emilio, sin más actos de persuadir de lo contrario a su hermano menor.
- No creas Emilio que me hayo furioso por ello, borracho sí, enamorado de mi esposa... tal vez, pero sin morir por ninguna de estas razones. Susana no es mujer merecedora de tal dádiva, siendo conocedor como lo soy, que eleva sus ruegos al cielo por la dispensa en este duelo de su amante y no por la mía.
- ¿Dudas hermano?. Preguntó Don Emilio, más aliviado que sorprendido.
- Tan grande es la duda que albergo en mí sobre mis sentimientos, como grande es la certeza que enraíza mi corazón, estrangulándolo con el desamor de Susana.
Recorrido el camino que dista del Monasterio a la casa de los Velasco y sin demora alguna, recibió Pedro carta perfumada de manos de uno de sus empleados. - La señora Susana salió presta esta mañana, dejándome encargo hecho para que entregase esto al Señor.
Pedro, leyó de corrido las líneas envenenadas y premeditadas que su esposa había tenido a bien dejarle a modo de despedida.
“Parto de la idea que padrino de duelo semejante al tuyo, no habrá permitido otra situación distinta a la que supongo será tu regreso a casa sano y salvo, del mismo modo, que lo habrá hecho tu adversario, de modo que corro en su busca con la esperanza de renovar la vida que a tu lado perdí. Ahí dejo pues, un marido que nunca quise y una vida que tan solo me ha sido llevadera en brazos de otros.”
- ¿Ocurre algo Pedro?
- Así es Emilio, ocurre que hoy es el primer día, de muchos que lo seguirán, para recobrar nuevamente la felicidad o en su defecto, una vida tranquila.
Indicó rotundo el menor de los hermanos y procurándole justo pago a aquella carta de la mujer, que en verdad fue más liberadora que dañina, arrugó y lanzó a la madre tierra que junto a la brisa de aquella mañana, fueran inquisidores del destino de tales palabras.
Y hasta aquí llega la prometida narración de un día en la vida de los Velasco, que si bien tales tierras existieron, existen y claro está, existirán, ni los Velasco, ni semejante “Don Juan” procedente de Toledo y afincado provisionalmente en San Martín de Valdeiglesias, se dieron en tal realidad, que alguien pueda afirmar haberlos visto, tocado o incluso el disparate de haber mantenido conversación con cualquiera de los personajes aquí mencionados.
Ni vayan a creer a quién afirme haber visto a Doña Susana, cubierta de polvo y mendigando a los viajeros, que la llevara de regreso a casa de sus padres en Madrid, tras abandonar ella de la manera más soez e indigna al que fuera su marido y ser ella misma, víctima de tal acto por parte de su amante.
















fdez_barrio dijo
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para aquellos que no hayan leído la primera parte y estén interesados en hacerlo, solo deben leer el post anterior a este.
...o pinchar aquí:
http://fdez_barrio.lacoctelera.net/post/2010/05/02/la-victima-del...
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5 Mayo 2010 | 10:19 AM